Malvinas Argentinas, el pueblo cordobés que venció a Monsanto

La batalla judicial y social detrás de una lucha que parecía asimétrica, y donde las mujeres tuvieron fuerte protagonismo. Cómo un grupo de vecinas y vecinos de un pueblo cercano a la capital provincial luchó durante cuatro años contra la construcción de una planta de semillas. Por qué se convirtió en coordenada de la resistencia mundial.

Ocho perros hambrientos y un puñado de guardias de seguridad: es lo que queda hoy en el predio de Malvinas Argentinas donde Monsanto empezó a construir lo que prometió como una de las plantas de acondicionamiento de semillas de maíz transgénicas más grandes del mundo. A 700 metros de allí, en las calles de Malvinas Argentinas -donde los campos a la vera de la ruta dan paso a las casas bajas del área urbana- queda una victoria histórica. La que ubicó a Malvinas, una localidad de 12 mil habitantes a 14 kilómetros de la capital provincial, en la cartografía de la resistencia ambiental mundial, contra la empresa de agronegocios más poderosa del mundo, hoy en manos de la alemana Bayer.

En Malvinas no sobra el trabajo. En junio de 2012, cuando se anunció que este emprendimiento crearía empleo para 400 personas, había siete empresas. Ninguna con más de 35 empleados, estima la actual intendenta, Silvina González (UCR). Ella fue quien en noviembre último confirmó a Radio Nacional Córdoba lo que muchos sospechaban: el predio destinado a la planta de Monsanto se había vendido a la empresa de obra pública Regam/AMG Obras Civiles. Adquirida en 2014 por el publicista cordobés Guillermo Gastardelli, cuenta con inversiones en el programa Pro.Cre.Ar y en Vaca Muerta.

“Si echamos a Monsanto, nadie nos va a volver a pasar por encima”, dijo en 2016 Doña Rosa, una señora que no participó de marchas ni asambleas, ni del bloqueo que durante tres años impidió la entrada al predio. Vanesa Sartori, psicóloga, escuchó a su vecina y sintió otra batalla ganada. Fue de las caras más visibles de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, que se organizó para resistir a la construcción. La tildaban de chiflada. “Doña Rosa ahora festeja y lo siente un logro propio, es impresionante. Cuando nosotros decíamos en las encuestas que la mayoría del pueblo no quería la planta, era cierto”, dice Vanesa.

Fuente: María Eugenia Ludueña para Chequeado.com.-

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